138


La semana pasada el Parlamento Europeo marcó un hito en la relativamente corta historia de la Unión Europea (UE). En la misma sesión y en un prodigioso movimiento han conseguido minar la libertad de todos los europeos y destruir la casi nula credibilidad que la institución tenía ante todos los ciudadanos.

La razón hay que buscarla en la eliminación de la enmienda 138, que obligaba a que cualquier interrupción en la conexión a Internet exigía la resolución previa de un juez. Después de rechazar en dos ocasiones y por muy amplia mayoría la retirada de la enmienda 138, el martes 20 de octubre decidieron retirarla en beneficio de un descafeinado texto.

No voy a entrar a valorar la utilidad o no de la medida en la lucha contra las descargas de contenido protegido con derechos de autor. Hay artículos en hacktivistas o en blackout (antiguo) que lo explican mejor que yo y hablan más directamente de las consecuencias más inmediatas.

Con la eliminación de la enmienda 138 el Parlamento Europeo ha conseguido abrir una puerta muy peligrosa: la de la censura digital. El nuevo texto que se va a aprobar (en inglés) no obliga a una orden judicial para interrumpir un servicio sino que se lo deja a un entidad administrativa. Y en ningún caso se nombra la protección de los contenidos, solo la de los servicios o aplicaciones. Asimismo habla de circunstancias excepcionales al referirse a la restricción de los derechos fundamentales (¿se refiere al uso de Internet o a la libertad de expresión?) a la hora de tomar medidas contra los infractores.

En estas condiciones cualquier gobierno puede restringir el acceso a Internet cuando existan opiniones, datos o artículos que no sigan su corriente de pensamiento. Y podrán hacerlo sin necesidad de orden judicial, alegando circunstancias excepcionales y a través de una Autoridad Administrativa que ellos mismos pueden crear al efecto.

El espíritu de la norma en sí y la coletilla que siempre usan de respetar los derechos y libertades reflejadas en la ley comunitaria indican que este uso queda totalmente descartado. Pero la ambigüedad del texto deja un resquicio pequeño pero suficiente para que se le dé un mal uso.

No solo eso: la aplicación práctica de esta norma implica la violación de un “supuesto derecho fundamental” comunitario que es el derecho a la intimidad y a la inviolabilidad de las comunicaciones. Para saber si estás descargándote contenido protegido tienen que vigilar continuamente que es lo que estás haciendo y que la compañía que te ofrece el servicio que estás pagando mes a mes vigile lo que estás haciendo siempre resulta tranquilizador.

Con este nuevo revés a los derechos de los ciudadanos europeos el Parlamento Europeo vuelve a destruir las esperanzas de todos al fallar en la protección de esos derechos que dice defender. Desgraciadamente la credibilidad del Parlamento ya era muy baja por decisiones de este tipo y esta ha sido la puntilla a su gestión de espaldas al ciudadano.

Por eso hemos de recordar el 20 de octubre de 2009 como el día en el que el Parlamento Europeo clavó un puñal en el mismo corazón de Europa al abrir la puerta a la censura, ahogando la libertad y, por extensión, matándose a si mismos.

Fin de la entrada.

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