Todos culpables


No me conoce de nada. Y yo no lo conozco a él. Jamás nos hemos visto, nunca nos hemos cruzado una palabra y es muy probable que jamás lo hagamos. Y aún así le debo una disculpa. Una disculpa por partida doble.

La primera disculpa se la debo porque lo juzgué y lo condené sin pruebas, sin molestarme en creer en su inocencia. Por considerarle culpable sin pararme a escuchar lo que tenía que decir.

Y no debería ser así, porque vivimos en una sociedad de derecho en la cual somos todos inocentes hasta que la fuerza de las pruebas demuestre lo contrario. Pero preferimos caer en el tópico, en el titular fácil y rápido, en la noticia que vende sin darnos cuenta de que tras cada historia hay personas y que todos tenemos derecho a ser oídos. Y a que se nos presuma la inocencia.

La segunda disculpa se la debo por ser tan idiota de creerme todo lo que leo. Por pensar que porque una serie de medios han publicado una noticia es automática y radicalmente cierta. Aún a sabiendas de que las noticias “venden” y este tipo de noticias venden aún más.

En apenas 72 horas la vida de una familia cambió porque una pequeña murió y los medios convirtieron una tragedia en un Circo Romano donde sacrificaron a un hombre al que se apresuraron a acusar de un crimen horrendo. A su dolor por la dura pérdida tuvo que sumarle la rabia por las acusaciones de asesino, de criminal sin escrúpulos. Sin pruebas. Lo juzgamos y lo condenamos.

No puedo disculparme por el personal médico, ni por las fuerzas del orden ni por los medios de comunicación. Y no quiero hacerlo. Cada uno ha de actuar según su conciencia. La mía me dicta que he actuado mal. Eras inocente y te culpé.

Desde aquí te pido disculpas Diego. De todo corazón.

Fin de la entrada.



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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Benjamín
    Dic 04, 2009 @ 21:12:50

    Coincido contigo en que todos somos culpables, pero lo peor es que lo olvidaremos cuando vuelvan a contarnos esos “medios de comunicación” otra noticia de este tipo y volveremos a juzgar y condenar a otra u otras personas. “Pan y circo”. En mis tiempos, años ha, existía “El caso”, que contaba las truculencias de todo el país y que desapareció en 1987, fagocitado por los “medios de comunicación” y las “TVs” que le robaron su único espacio, las truculencias, sin respeto alguno por la presunción de inocencia.

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