La revolución autoinducida


No hay duda de que la salida del iPad ha provocado un auténtico tsunami mediático. En prensa, televisión, radio, blogs y toda la web ha sido uno de los temas que más ha acaparado la atención. Demuestra claramente el poder de convocatoria que ha logrado Apple de unos años para acá, eclipsando incluso a Google o Microsoft.

En general, la mayoría de lo que se ha hablado o escrito sobre el iPad es sobre todo técnico, tanto a favor como en contra. Yo mismo dí mi opinión en su momento sobre lo que pensaba de este dispositivo.

Pero en multitud de artículos hablan del cambio que va a suponer en nuestras vidas y en la forma en la que interactuamos con los ordenadores. Sus nuevas capacidades harán que cambiemos nuestros viejos ordenadores y portátiles porque el iPad es el futuro, el comienzo de una nueva forma de usar… pero espera ¿todavía no ha salido y ya es el ordenador que vamos a usar todos?

Por una vez voy a ejercer de gurú y voy a lanzarme a hacer mis propias predicciones sobre lo que representa el iPad. Cuento con la ventaja de que este blog apenas lo lee nadie, así que siempre tengo la posibilidad de negarlo todo dentro de unos años, si es que me equivoco.

Desde hace mucho tiempo he defendido que la tendencia de la informática es hacia la desaparición de los ordenadores*. ¿Contradictorio? Para nada. Ya hablé en su día de la multiplicidad que había trasladado a la red mucha de la información que manejamos.

Lo resumiré para no alargarme mucho: Apple no ha inventado nada ni va a reinventar los ordenadores con el iPad. El iPad es la continuación del iPhone -que sí era un dispositivo revolucionario- y es el siguiente paso en la forma de gestionar la información. Es un dispositivo orientado principalmente a Internet y al ocio y quizás al trabajo a medida que surjan aplicaciones.

El problema es que el iPad es una revolución autoinducida. Apple, con su enorme conocimiento del mercado y de su marca, crea una gigantesca expectación sobre sus productos al mantener un absoluto secreto sobre ellos, fomentando además la rumorología a su alrededor. Al presentarse el producto ya hay creada una sugestión colectiva y automáticamente se convierte en el más deseado por unos y el más denostado por otros. La amplificación de sus virtudes y la repetición de éstas como un mantra consiguen que se termine convenciendo a todo el mundo de que es el futuro y de que algún día todos los ordenadores serán así.

No creo que el iPad sea el dispositivo que sustituya a los ordenadores, sino que será uno más entre los muchos que usaremos para acceder a nuestros datos. Seguir insistiendo en que es el futuro de la informática es un concepto demasiado centrado en el hardware y poco centrado en lo realmente importante: la información que maneja.

Es un gran dispositivo pero por mucho que lo repitan no es revolucionario ni cambiará el futuro de la computación.

Fin de la entrada.

*Tengo la intención de escribir sobre la desaparición de los ordenadores tal como los conocemos en otro artículo aparte. Pero aviso, no voy a descubrir nada nuevo.

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