Las Historias Perdidas


Con la apertura de este blog desde el cual lanzo al mundo mis pensamientos, empecé a desarrollar un anhelo que imagino tiene mucha gente: escribir.  No voy a decir que haya escrito cientos de páginas, emborronado folios con capítulos de prometedoras novelas o que tenga cuadernos llenos de maravillosas historias escritas durante años. Nada de eso. He escrito algún cuento en mi juventud que ha desaparecido para siempre, y algo de género poético que, para fortuna de todos, invité a irse a algún lejano vertedero. Así que escribir, he escrito más bien poco, pero siempre he tenido ese impulso que ignoro de dónde me viene.

He tenido la suerte de disfrutar de unos padres que se han convertido en una fuente de sabiduría permanente y me han sabido inculcar, entre otras muchas cosas, el placer por la lectura. Aunque ambos son amantes de la lectura mi padre es, con mucha diferencia, un ávido lector, un devora-libros incansable y me atrevería a decir y perdónenme el símil, un Firmin de tomo y lomo. Eso sí, nunca ha sido aficionado a escribir o al menos desconozco esa faceta suya.

Una de mis muchas características es mi introversión, que hace que sea una persona tímida y que me convierte en alguien bastante asocial. Pero al mismo tiempo siempre he presumido de tener una activa y rica vida interior que me hace inventar historias, no tener problemas para estar solo e incluso mantener animadas e interesantísimas charlas conmigo mismo.

Mezclando estas dos razones -ambas pobres excusas, lo sé- se podría deducir que mi afán por escribir es comunicarme con el mundo a través de mis textos. O que leer ha despertado en mi un insaciable interés en emular a tantos y tan buenos contadores de historias. Aunque creo que me decantaré más por decir que escribo para mí, para recordar mi propia vida y para recordar las historias que mi paupérrima memoria se empeña en olvidar. O quizás sea un miedo a desaparecer una vez mi cuerpo físico decida que es hora de parar. La única conclusión segura es que me gusta escribir.

¿Y por qué toda esta parrafada? Porque hace tiempo que vengo pregonando que habrá nuevas sorpresas en este blog y la primera de ellas será que empezaré a incluir de vez en cuando pequeñas narraciones escritas por mi. No sé con qué frecuencia, ni el tamaño que tendrán, ni el formato, pero irán apareciendo mezcladas entre los artículos porque no he conseguido configurar el blog para que me los coloque en un apartado separado.

Como todos los comienzos son difíciles, y éste no será menos, mi primer relato me surgió al pensar en cuántas son las palabras mínimas que se necesitan para contar una historia, o desarrollar mínimamente un personaje. Y porque para empezar en público es mejor hacerlo paso a paso. Espero que les guste este nuevo proyecto en la ladrona y que disfruten de las historias.

Fin de la entrada.

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