Lo innecesario de la reforma constitucional


La semana pasada asistimos una vez más a lo que se está convirtiendo en una triste norma en la política española: la toma de importantes decisiones políticas apresuradamente y sin el debido consenso político ni ciudadano. Lo más indignante –vocablo tan de moda- es que la resolución acordada por los dos principales partidos políticos españoles afecta directamente a la ley fundamental que nos rige, la Constitución de 1978. Y desde mi punto de vista, la forma en la que se ha hecho el cambio y el contenido de la reforma resulta insultante el primero e innecesario el segundo.

Zapatero y Rajoy en La Moncloa en 2010

Zapatero y Rajoy en La Moncloa en 2010

Pérdida de soberanía

Presumo de ser europeísta y entiendo que con el paso del tiempo muchas de nuestras leyes y nuestra soberanía terminen fusionándose en aras de conseguir una auténtica Unión Europea. Pero para ello es necesario que haya un debate político y ciudadano que deje claro lo que se va a cambiar, porqué se va a hacer y la forma en la que se hará. Ese debate no ha existido y el agravante de que nuestra clase política tome decisiones precipitadas en base a lo que “tranquilice” a los mercados nos pone a los ciudadanos en una posición muy delicada.

Irresponsabilidad política

Como bien comentan aquí, esta reforma constitucional responde únicamente al chantaje ejercido por Alemania y Francia para dar vía libre a los fondos de rescate. Es la razón de la rapidez de actuación de los dos partidos mayoritarios, la cosa parece estar tan mal que es necesario el apoyo urgente de la Unión Europea. Y si hay que bajarse los pantalones nos los bajamos.

Al margen de patriotismos de bote, las leyes cumplen una función de organización y cohesión social. Organizativamente nos dota de una serie de normas para facilitar la convivencia, que si son justas y bien mesuradas refuerzan la cohesión social. Cambiar una ley fundamental de la constitución para encajar con calzador una norma que obligue a mantener un equilibrio presupuestario es abrir una puerta a los recortes sociales. Porque ya existe una Ley que regula ese límite de gasto, la Ley General de Estabilidad Presupuestaria, y que vistos los resultados me hace pensar que el problema quizás no sean las leyes sino los políticos que las manipulan a su antojo, en demasiadas ocasiones con carácter partidista.

Sin embargo el mayor problema radica en que no solo se limita el porcentaje de déficit público que se puede tener –lo estipulará la UE, otro golpe a la soberanía- sino que además se da prioridad absoluta al pago de créditos e intereses. Y en un país como España en el que parece que subir impuestos hasta está mal visto, la única opción que queda es la de recortar los gastos. Los sociales, claro.

Estudiar otras opciones

Los que defienden esta reforma afirman que es la única manera de garantizarle a los mercados que responderemos del pago de los préstamos y de esta forma asegurarnos la financiación. Pero la irresponsabilidad política hace que las leyes se conviertan en inútiles y crean una falsa sensación de seguridad en los ciudadanos al dar la impresión de que se está haciendo algo. Antes de reformar la ley hay que buscar nuevas vías para atajar el problema que se alejen de las tradicionales, que han demostrado después de tres años ser totalmente inútiles.

–       Subir los impuestos. Aunque sea un tema tabú en este país se conseguiría aumentar los ingresos del estado, lo que se traduce en una mayor independencia de los mercados. Además a largo plazo pagaríamos menos intereses al no necesitar tanta financiación externa. Hay quienes dirán que eso creará un efecto huída y destruirá empleo, pero no saben explicar porqué tenemos una presión fiscal más baja que la zona euro y aún así contamos con la tasa de paro más alta de la OCDE.

–       Un cambio fiscal serio y en profundidad, que ponga en práctica “un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad” (art. 31 de la Constitución española)

–       Mejorar la persecución del fraude fiscal y la economía sumergida.

–       Gestionar el gasto en infraestructuras de una manera más eficiente. Ejemplos como el aeropuerto de Castellón, la terminal T4 en Madrid o la insistencia de cubrir toda España con trenes de alta velocidad muestran con que falta de criterio y control se invierte el dinero público.

–       Eliminación de administraciones que en muchos casos duplican y hasta triplican la misma función con el gasto que suponen y el exceso de burocracia que implica.

–       Una mayor transparencia y acceso a los datos públicos. Resulta vergonzante que seamos uno de los pocos países europeos que no tiene una ley de transparencia informativa.

–       Un mayor control fiscal de las SICAV, ahora mismo uno de los mayores agujeros de fraude fiscal para las grandes fortunas.

–       Revisión completa de las deducciones fiscales y subvenciones a empresas y un mejor control sobre su efectividad para evitar que en España las grandes empresas tributen mucho menos que las PYMES.

Y se podría seguir con muchas cosas que se pueden hacer antes de tocar la Constitución pero que exigirían de nuestra clase política más responsabilidad y trabajo serio y menos partidismo y electoralismo para mantener su puesto y enriquecerse. Quizás el debate que deberíamos tener es a propósito de la reforma electoral para implicar más a los políticos en sus acciones y no tanto en darnos prisa en garantizar a bancos y entidades financieras que ellas están por encima de los ciudadanos.

Fin de la entrada.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. lentejitas
    Sep 17, 2011 @ 16:12:44

    Muy interesante tu entrada. Coincidimos en muchas cosas, discrepamos en otras. En primer lugar, una matización: las SICAV son perfectamente legales, por mor de una legislación creada al efecto (muy bien explicado aquí: http://www.elblogsalmon.com/conceptos-de-economia/que-es-una-sicav-o-sociedad-de-inversion-de-capital-variable ). Quien posee grandes patrimonios se acoge a esta figura de inversión, que tributa al 1%, y no es evasión fiscal.

    Estoy de acuerdo, como no podía ser de otra manera, con la lucha contra el fraude y la reforma fiscal. También con el tema de las infraestructuras, la transparencia informativa y el cuidado a las PYMES.

    No llegas a argumentar por qué la reforma es innecesaria. Yo la veo completamente insuficiente, pero no innecesaria. Como ya escribía en mi blog, la austeridad debe ser una virtud pública fundamental. Combinada con una gestión de los recursos estatales profesional, ágil, honesta, eficiente y alejada de tentaciones demagógicas, puede asegurar sin duda el funcionamiento de aquellos servicios que sólo el sector público puede ofrecer. Por tanto, no me parece mal sancionar constitucionalmente dicha austeridad, máxime cuando hemos demostrado largamente nuestra incapacidad para disciplinarnos de otra manera.

    Finalmente, no veo que una pérdida parcial de soberanía en favor de una mejor y más reforzada gobernanza europea pueda ser mala. Como escribía hace poco un buen amigo mío:

    “El verdadero poder y músculo económico de Europa lo daría un adecuado uso de la moneda única y la voluntad clara de las autoridades europeas de defender el euro y la construcción de Europa. La UE tiene que comportarse como un único Estado en estos momentos y para ello nada mejor que emitir eurobonos. ¿Con qué sobreprecio sobre la deuda alemana actual? lo fijaría el mercado, pero el enorme peso de Alemania y Francia juntas en el conjunto de la Eurozona haría que éste fuera pequeño y la deuda se emitiría con gran probabilidad con una prima de riesgo muy baja sobre la rentabilidad actual del bono alemán a diez años. Previsiblemente Francia apenas se vería afectada, Alemania tendría que pagar inicialmente un cierto sobrecoste y los demás países nos veríamos altamente beneficiados.

    La deuda europea sería muy bien recibida por los mercados. Además, está prevista en el Tratado de la Unión hasta un máximo del 60% del PIB de los Estados. Actualmente existen múltiples analistas y personalidades de prestigio que la están demandand. A continuación, el dinero ingresado con la venta de esa deuda se podría inyectar en las finanzas de los Estados que se hubieran comprometido con serios planes de ajuste y que aceptaran los criterios fiscales que se les impusieran desde Bruselas. Con ello, los países tendrían que ceder una parte de su soberanía económica, pero a cambio recibirían financiación a tipos de interés mucho más bajos que los actuales. Esto solamente habría que hacerlo con una parte de sus necesidades de emisión de deuda. Pero, al regirse los mercados por la ley de la oferta y la demanda, el precio del resto de su deuda -que tendrían que seguir emitiendo en los mercados internacionales- se vería fuertemente impulsado a la baja, por lo que su prima de riesgo disminuiría apreciablemente”.

    Opino que es un excelente argumento sobre el que deberíamos reflexionar, querida amiga. Es un problema tan complejo (y en eso opinamos lo mismo) que no debería estar sujeto a improvisaciones electorales.

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    • Javier Sánchez
      Sep 17, 2011 @ 21:36:52

      Gracias por el comentario lentejitas. Releyendo el artículo me doy cuenta de que una vez más me traiciona mi inexperiencia como escritor y no sé transmitir las cosas adecuadamente. Ciertamente el artículo no deja muy clara mi argumentación del porqué no es necesaria la reforma constitucional.

      Lo primero responderte a las SICAV. No soy economista y no conozco en profundidad los entresijos de cómo funcionan -gracias por el enlace-, pero coincidirás conmigo en que una de las principales quejas de estas sociedades es que se emplean para realizar inversiones financieras y evitar una alta fiscalidad sobre los beneficios. Es legal pero considero que tergiversar el espíritu de la ley para obtener beneficios con baja fiscalidad es una forma de fraude fiscal. Y estoy seguro de que estás familiarizado con el término “mariachis”.

      Mi argumentación en cuanto a lo innecesario de la reforma es sencilla pero tienes razón en que no he sabido estructurarla bien. Tenemos ya la ley de estabilidad presupuestaria para “obligar” a los políticos a tener la suficiente sensatez y responsabilidad que deberían tener para saber lo que todos sabemos: ni se puede, ni se debe gastar más de lo que se tiene. Así que desde mi punto de vista incluir en la constitución un nuevo articulado que vuelve a recalcar algo que ya está legislado me parece innecesario. Huele a maquillaje. Más si contamos que se inventarán las triquiñuelas necesarias –si es que se molestan en inventarlas- para saltarse la Constitución. Y personalmente esta inclusión constitucional me parece más un movimiento neoliberal para recortar gastos sociales y poder estatal que un intento de sanear las cuentas públicas.

      Por supuesto coincido contigo en que la austeridad y el buen criterio debería ser una condición obligatoria de cualquier institución pública y es por eso que en el artículo hablo de irresponsabilidad política. No creo necesario ponerte ejemplos de malversaciones y desidia por parte de nuestra clase política a la hora de maltratar nuestras PYMES, permitir el fraude fiscal o dilapidar el dinero público.

      Y en cuanto al patriotismo ya te digo que soy muy europeísta y entiendo que hay que renunciar a las soberanías nacionales en pos de una unión europea real. Fiscalidad, política económica, exterior y social común son necesarias si queremos seguir avanzando. Pero lo que no me parece aceptable es que los mercados presionen a Merkel o Sarkozy y un mes después nuestros partidos políticos salgan corriendo a cambiar la constitución. Eso es, a mi entender, una bajada de pantalones en toda regla y no una pérdida de soberanía. En todo caso será el futuro el que determine si la decisión ha sido correcta o no.

      Lo cierto es que después de estos 4 años de crisis, con las enormes cantidades de dinero público inyectadas en el sistema financiero y las diferentes políticas seguidas a nivel nacional y mundial vamos a la deriva y no veo claro que los políticos actuales sepan afrontar la situación. Esperemos que me equivoque.

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