La falta de memoria histórica


La revolución comienza en uno mismo

De las tópicos que se repiten año tras año en los colegios e institutos sin duda uno de los más populares es el de la inutilidad de estudiar ciertas asignaturas, para algunos incluso estudiarlas todas. Y me atrevería a decir que una de las asignaturas considerada más inútil es la de historia. Soy de los que consideran que debe seguir siendo una asignatura obligatoria aunque, desde luego, con un enfoque radicalmente distinto al de memorizar fechas, reyes, imperios o batallas.

La Historia es importante, nos indica de dónde venimos y nos ayuda a entender el porqué de muchas de las cosas que nos afectan en el presente, y en gran medida nos puede ayudar a dilucidar el futuro. Por eso dentro de unos años, al mirar atrás, nos daremos cuenta de la importancia de lo ocurrido este 15 de octubre y el efecto que habrá tenido en el rumbo político, social y económico de España y, quizás, del mundo occidental.

Hemos asistido a un momento histórico que, como ocurre siempre que se desarrolla, es difícil de ver en el momento presente en toda su magnitud. Solo la distancia del tiempo es la que nos da la perspectiva suficiente para saber la profundidad y el alcance de los hechos. Así que cuando oigo a alguien afirmar que todo esto no va a servir para nada me río. Y lo hago porque me suena a excusa pobre, a argumento de autoconvencimiento, a disculpa propia y ajena para ocultar la vergüenza de no querer participar aún sabiendo que sería lo correcto.

Si hacemos memoria descubriremos muchos casos de revoluciones, de cambios profundos que comenzaron con pequeños movimientos. Las revueltas árabes si queremos un ejemplo aún fresco en la memoria. Tan fresco que siguen muriendo decenas de personas en Siria o en Yemen exigiendo un cambio. Retrocediendo más en el tiempo tenemos la revolución islandesa de 2008 o la independencia de la India, paradigma de la no violencia. En todos los casos movimientos que empezaron con pequeños grupos de personas y que terminaron convirtiéndose en auténticos tsunamis sociales que cambiaron las cosas.

Otros afirman que los que tienen el poder no van a querer cambiar las cosas. Y otra vez la falta de memoria histórica juega en su contra. En la Historia tenemos abundantes casos de suicidios políticos, como la transición española, la revolución de los claveles en Portugal o la Perestroika en la antigua Unión Soviética si queremos irnos a algo cercano.

El gran problema que existe en las acomodadas sociedades como la española –independientemente de su tradicional individualismo egoísta- es lo acostumbrados que estamos a los resultados inmediatos, pero este tipo de cambios exigen tiempo y paciencia porque no resultan sencillos y no siempre se consiguen las cosas como se deseaban en un principio.

Así que la próxima vez que estés tentado de decir que no va a servir para nada, párate, respira hondo y piensa que si sales a la calle a luchar por algo en lo que crees puede ser que sirva para algo o puede que no, pero lo que es absolutamente seguro es que si te quedas en casa no conseguirás nada.

Fin de la entrada.

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