Un debate clarificador

El de esta noche será un debate único en el más amplio de los sentidos: no habrá otro entre los candidatos de los principales partidos.

Un dato: 540.000€ es el coste aproximado del debate. El coste se repartirá entre las televisiones que lo emitan y según su audiencia de ese día. Eso significa que a los españoles nos costará aproximadamente unos 173.000€, sin duda un coste más que excesivo para un debate que es una mera pantomima.

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Lo innecesario de la reforma constitucional

La semana pasada asistimos una vez más a lo que se está convirtiendo en una triste norma en la política española: la toma de importantes decisiones políticas apresuradamente y sin el debido consenso político ni ciudadano. Lo más indignante –vocablo tan de moda- es que la resolución acordada por los dos principales partidos políticos españoles afecta directamente a la ley fundamental que nos rige, la Constitución de 1978. Y desde mi punto de vista, la forma en la que se ha hecho el cambio y el contenido de la reforma resulta insultante el primero e innecesario el segundo.

Zapatero y Rajoy en La Moncloa en 2010

Zapatero y Rajoy en La Moncloa en 2010

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Viejas tácticas para nuevos tiempos

No hay duda de que lo ocurrido enfrente del parlamento catalán este miércoles es condenable. La violencia no es justificable nunca exceptuando la defensa de la propia vida o la de otra persona. Pero más allá de esa “violencia extrema” a la que alude Felip Puig –consejero de interior del gobierno catalán- lo acontecido este miércoles tiene otra lectura. Más

Gracias

Desde aquí quiero dar las gracias a toda esa gente que, por una razón u otra ha sido denostada, vilipendiada o incluso olvidada.

Quiero dar las gracias al PSOE y al PP y a todos esos pequeños partidos políticos que nos gobiernan. A Rajoy y a Zapatero. Y a Artur Mas y Felip Puig. A la policía y su brutalidad. A las entidades financieras que han arruinado naciones enteras. A los bancos y las hipotecas que nos ahogan. A las grandes empresas con beneficios récord que no dudan en despedir trabajadores. Al paro desbocado. Al recorte de prestaciones sociales. Al encarecimiento de la vida. A los bajos sueldos y el trabajo precario. A las enormes prebendas de las que disfruta la clase política. A todos ellos muchas gracias.

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Vámonos de fiesta

Es el momento, #nolesvotes

Anoche de madrugada asistimos nuevamente a lo que, con demasiada pompa, se llama la fiesta de la democracia: comienza la carrera para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Así que el próximo 22 de mayo tenemos una cita con las urnas para elegir a nuestros representantes, a aquellos que mandarán en nuestros ayuntamientos, cabildos y gobiernos autónomos.

Es muy curioso como funciona esto del lenguaje aplicado a la política. Y no me refiero a los discursos políticos, esos ejercicios de maravilloso virtuosismo en los que se puede hablar durante horas sin decir absolutamente nada. No. Hablo de usar palabras como soberanía, derecho, elección, compromiso para dar la sensación de que hay que celebrar algo, de que en esta fiesta los ciudadanos importamos. Aunque en realidad los representados nos terminamos sintiendo como patos de feria: de poco valor y tiroteados en casi cualquier circunstancia. Más

La vergüenza de ser occidental

Dos insurgentes se dirigen al frente en Ras Lanuf

El otro día escribía de lo mucho que debemos aprender de lo que está ocurriendo en los países árabes porque representa la esencia de lo que disfrutamos en los países occidentales. Desde Marruecos a Yemen, los árabes luchan con mayor o menor fortuna contra las dictaduras existentes en sus países en busca del derecho a vivir en libertad.

En el otro extremo está occidente, que permanece aletargado mientras observa con creciente preocupación los acontecimientos de los países árabes y con especial interés lo que pasa en Libia. En todo lo que llevamos de revuelta árabe los países occidentales se han mostrado muy cautelosos y sin capacidad de iniciativa. Su tibia condena a la violencia desatada por los gobiernos árabes parece demostrar que los intereses que defienden son puramente económicos. La bufonada que han protagonizado el pasado jueves en la reunión en la que se iba a coordinar una respuesta de la UE es la prueba de ello. Más

Camina como un egipcio

Camina como un egipcio

Y lucha como un libio, podríamos añadir. Porque hoy aparecen en el mapa nombres de países que hasta hace poco parecían no existir y fotografías de muertos que luchan por lo que nosotros hemos olvidado.

En un discurso a propósito de la rebelión en Egipto, Obama dijo: “En los últimos días, la pasión y la dignidad que han demostrado los ciudadanos de Egipto han sido una inspiración para todos los pueblos del mundo, incluido el de Estados Unidos, y para todos los que creen en que la libertad humana es inevitable”. Ciertamente ha resultado inspirador. Más aún si consideramos que el coste es mucho más alto por cada nuevo dictador que cae.

No voy a entrar a valorar si esta revolución ha sido provocada para las ganas de libertad, por el hambre, las necesidades o una juventud deseosa de cambios y de un futuro. Puede ser una razón, dos o lo más probable, todas. Tampoco creo que sea una revolución de Internet porque la red sólo ha sido una herramienta, importante sí, pero sólo eso. No hay que quitarle valor ni dignidad a las revueltas porque están costando muchas vidas, son reales y están en las calles.

Pero sí hay que valorar lo que significa. Esta revolución debería servirnos para aprender. Por un lado, aprender a valorar lo que tenemos, la libertad de la que disfrutamos y por la que tenemos que luchar día a día. De lo contrario corremos el riesgo de que poco a poco nos la vayan quitando vestida de consumo, televisión y fútbol.

Por otro, aprender a implicarnos más en nuestra responsabilidad social, la obligación que tenemos de exigir a quienes nos gobiernan que lo hagan de una manera ética, honrada y transparente. Y ser vigilantes a la hora de saber qué empresas son también éticas.

No me voy a extender, hay decenas de páginas sobre lo que está ocurriendo en los países árabes pero sí recomiendo que lean éste artículo. Sí, hay un tirano, un asesino gobernando en Libia, pero no estaría allí sin la ayuda de países y gobiernos occidentales y de poderosas empresas cuyo único fin es lucrarse. No exigimos a nuestros gobiernos que no tratasen –ni traten- con dictadores, y de esto somos todos culpables, no vale decir que no podíamos hacer nada.

Fin de la entrada.

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